2022: el momento en que todo cambió

Noviembre de 2022. ChatGPT acaba de lanzarse al público. En las redes, todo el mundo habla de que va a “cambiar todo”, que va a “eliminar empleos”, que el mundo nunca va a ser igual.

Yo lo leí con curiosidad. No con miedo.

Vengo del periodismo. Llevo más de 25 años investigando, comunicando, construyendo puentes entre información compleja y audiencias diversas. Cuando apareció ChatGPT, mi primer pensamiento no fue “esto me reemplaza”. Fue “esto puede ser muy útil si se usa con criterio”.

Esa curiosidad fue el punto de partida de todo lo que vino después.

Los primeros experimentos

Empecé a usar ChatGPT casi inmediatamente. Probando, fallando, aprendiendo.

Los primeros resultados eran prometedores pero imperfectos. La herramienta generaba textos que necesitaban mucha edición. A veces inventaba hechos con una confianza pasmosa. El tono era artificial, fácilmente reconocible como “generado por IA”.

Pero la potencialidad era innegable. Y me interesó entender cómo sacarle el máximo provecho, no cómo convivir con sus limitaciones.

Empecé a estudiar la técnica del prompting. A entender cómo darle instrucciones precisas para obtener resultados útiles. A combinar la herramienta con mi propio criterio profesional.

El momento en que entendí algo importante

A los pocos meses de uso intensivo, tuve una revelación que cambió completamente mi perspectiva.

La IA no era la revolución en sí misma. La revolución era cómo la usaban las personas.

Vi cómo la misma herramienta generaba resultados mediocres en manos de alguien que no sabía hacer las preguntas correctas, y resultados extraordinarios en manos de alguien con criterio y experiencia profesional.

La IA amplifica. Si amplificás claridad, obtenés más claridad. Si amplificás confusión, obtenés más confusión.

Eso me di cuenta que era lo que yo podía enseñar: no la herramienta, sino el criterio para usarla.

La conexión con la comunicación y la inteligencia emocional

Al mismo tiempo que exploraba la IA, seguía practicando lo que venía haciendo durante 25 años: comunicación estratégica e inteligencia emocional.

Y empecé a ver una conexión que no estaba viendo nadie en el mercado.

Todos los cursos y contenidos de IA que encontraba se enfocaban en la herramienta. Nadie hablaba de cómo integrarla con la dimensión humana del trabajo. Nadie hablaba del miedo, de la resistencia, del impacto emocional del cambio. Nadie conectaba la IA con la comunicación profesional.

Ahí vi el espacio que yo podía ocupar. Y donde realmente podía agregar valor.

El nacimiento del Triángulo Potenciador™

No nació en un día. Fue un proceso de varios meses de observación, experimentación y sistematización.

Empecé a trabajar con algunos profesionales de manera informal, acompañándolos a incorporar la IA a su trabajo. Y en cada proceso, los mismos tres elementos aparecían como críticos: la herramienta tecnológica, la gestión emocional del cambio y la comunicación del valor transformado.

Cuando los tres estaban presentes, los resultados eran sostenibles. Cuando faltaba alguno, el proceso se trababa.

El Triángulo Potenciador™ fue la forma de nombrar y sistematizar lo que ya estaba funcionando en la práctica.

Lo que aprendí del camino

Ser adoptadora temprana de IA no fue fácil. Hubo momentos de incertidumbre, de cuestionarme si estaba tomando la dirección correcta, de no saber cómo comunicar lo que estaba construyendo.

Pero también hay algo que aprendí con claridad: la ventaja no es la herramienta. La ventaja es haber aprendido a pensar con ella antes de que fuera obligatorio.

Hoy, cuando acompaño a un profesional a dar sus primeros pasos con IA, no le enseño lo que aprendí en un curso. Le enseño lo que aprendí en la práctica, con mis propios errores y descubrimientos.

Y esa diferencia se nota.Este es el origen de Inteligencia con Propósito™. Si resuena con lo que estás viviendo vos, me encantaría conversar. Escribime al +543795084830

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