Vos, yo, todos cargamos con la “herida de la no-expresión”. Sí, todos, aunque a veces pensemos que somos la excepción, seguramente en algún momento no dijimos o no decimos lo que realmente sentimos por miedo a ser ser juzgados, rechazados o abandonados. Esta herida nos obliga a usar máscaras y a comunicarnos a través de un “silencio protector” que, paradójicamente, daña -y muchas veces irremediablemente- la intimidad que tanto anhelamos.
Hay una voz…
El miedo a la vulnerabilidad está custodiado por nuestra voz interna que nos censura o nos crítica. Este “guardián” nos recuerda experiencias pasadas de dolor (“Si decís eso, se van burlar de vos,” “Si te mostrás débil, te van a usar”). Y más temprano que tarde, nos lleva a:
- Evitar el Conflicto: Preferimos callar una necesidad antes que iniciar una conversación difícil.
- Minimizar Emociones: Usamos un lenguaje vago (“Estoy bien”) para disfrazar una emoción compleja (tristeza, rabia).
- Dramatizar: Cuando hablamos, lo hacemos desde la víctima o la agresividad porque el miedo acumulado explota.
Vulnerabilidad vs. Victimismo
Sanar esta herida implica diferenciar entre vulnerabilidad y victimismo:
- Victimismo: Es compartir el dolor con la expectativa de que el otro lo resuelva o se culpabilice. Busca control y manipulación.
- Vulnerabilidad: Es compartir el dolor o una necesidad sin apego al resultado. Es un acto de coraje que abre la puerta a la conexión.
El Lenguaje de la Conexión
La Comunicación No Violenta (CNV), desarrollada por Marshall Rosenberg, nos ofrece un puente para transformar el miedo en un lenguaje de necesidades:
- Observación: Describir la situación sin juicio (Ej: “Cuando veo que no me respondés…”).
- Sentimiento: Expresar la emoción que surge (Ej: “Me siento ansioso/a”).
- Necesidad: Nombrar la necesidad no satisfecha (Ej: “Porque necesito sentirme tomado en cuenta”).
- Petición: Hacer una solicitud clara, positiva y realizable (Ej: “¿Podrías, por favor, responderme en las próximas 24 horas?”).
Al comunicarnos desde la necesidad (nuestra verdad esencial), en lugar de la crítica, honramos nuestra verdad y le damos al otro la posibilidad real de acercarse. Para ello, primero es necesario conectar con esa verdad esencial, mirarla, reconocerla para después poder expresar. En otras palabras, requiere conocer el pulso de nuestro sentir para poder ponerlo en palabras y expresarlo.
Anhelo que estas palabras te hayan servido de guía para identificar a la voz que te censura e identificar tu sentir.
Gracias por llegar hasta acá.
M. del C.