En mis consultorías y clases sobre Inteligencia Artificial, casi siempre hay una pregunta que se repite: “¿Qué IA me conviene usar?” y por lo general, respondo con otra pregunta, que suele incomodar un poco: ¿Sabés para qué la vas a usar, o simplemente querés dejar de sentir que te estás quedando atrás?

El error de mirar la herramienta primero

Cuando alguien llega angustiado porque “todos están usando IA menos yo”, el problema casi nunca es tecnológico. Es de criterio porque se confunde automatizar con delegar el juicio. Y ahí es donde empiezan los desastres silenciosos: el mail que sale con el tono equivocado, la decisión de recursos humanos que se toma sin mirar a la persona, el informe que se entrega perfecto en la forma y vacío en el fondo.

La tecnología potencia, las personas transforman. Esa frase no es un eslogan que inventé para sonar bien en un carrusel — es lo que veo confirmarse cada vez que alguien mejora sus procesos con IA sin perder pie. La herramienta amplifica lo que ya sos como líder. Si operás con criterio, la IA te devuelve tiempo. Si operás en piloto automático, la IA simplemente te hace fallar más rápido.

Tres prácticas 

No hace falta ser especialista en sistemas para liderar con IA sin perder el criterio humano. Hace falta sostener algunas prácticas simples, aunque a veces sean poco cómodas.

Primero, nunca delegués la decisión final. Usá la IA para juntar información, ordenar ideas, redactar un primer borrador. Pero la firma, la mirada, el “esto lo digo yo y me hago cargo” — eso no se terceriza. Lo veo una y otra vez en los talleres: apenas entienden que la IA es borrador y no veredicto, baja la ansiedad y sube la calidad del resultado.

Segundo, mantené el contacto humano en los puntos que importan. Podés automatizar un recordatorio de turno. No automatices la conversación difícil con un cliente, un alumno o un empleado. La empatía no escala con un prompt.

Y tercero —el que más cuesta, lo reconozco— revisá periódicamente para qué estás usando la herramienta. Optimizar un proceso no siempre mejora la experiencia de quien está del otro lado: a veces lo optimizás y, sin darte cuenta, deshumanizás el vínculo. 

El Triángulo Potenciador™

Esto es, en el fondo, el núcleo de lo que trabajo con quienes acompaño: el Triángulo Potenciador™ que integra Inteligencia Artificial, Inteligencia Emocional y Comunicación Estratégica para que los profesionales incorporen la IA sin perder su criterio humano. No son tres competencias separadas. Son tres patas de la misma silla. Sacá una y el resto se cae, por más sofisticada que sea la tecnología que estés usando.

No tengo una fórmula cerrada para decirte exactamente cuánto de cada una necesitás vos. Depende de tu equipo, de tu rubro, de cómo lideraste hasta ahora. Lo que sí sé, porque lo veo semana a semana en consultorías y talleres, es que quienes mejor están integrando IA a sus procesos no son los que más cursos de tecnología hicieron. Son los que primero se pararon a pensar qué tipo de líderes quieren seguir siendo con esa herramienta en la mano.

¿Vos ya te hiciste esa pregunta, o todavía estás eligiendo la herramienta antes de elegir el criterio?


María del Carmen Ruiz Díaz | Corrientes, Argentina | Inteligencia con Propósito™

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